Yo fui una de esas personas que, cuando la serie “Heroes” vio la luz con un primer capítulo que rayaba el aprobado, la publicitó con todos sus medios posibles, con la plena confianza de que sería una buena serie. Mi afición por los héroes, como La patrulla X (que no X-Men, otra película que merece un suspenso), me cegó. Y ahora, sin terminar de ver la segunda temporada por una cuestión de principios, y haciendo memoria no recuerdo haber visto una serie que me haya decepcionado más que esta.
El primer capítulo no fue espectacular, pero sí interesante. Te presentaban a personajes con poderes (que, curiosamente, los iban predicando a todo el que quisiera escucharles), poderes conocidos como la inmirtalidad o viajar en el espacio-tiempo, pero que asociados a unos personajes tan carismáticos como Hiro Nakamura o tan derrotistas como Isaac Méndez parecían totalmente nuevos. No guardaba ningún misterio durante más de cuatro capítulos, pero aún así proponían otros que llamaban la atención.
Al final de la primera temporada nuestros héroes impedían que explotara el centro de Nueva York, pero hicieron explotar a muchos de sus seguidores. La batalla final que tanto habíamos esperado, entre Sylar y Peter Petrelli, quedaba en nada…pobre Peter, tanto estudiar con el hombre invisible para aprender a usar sus poderes y a la hora de la verdad apenas los utilizó. Fueron los cuarenta minutos más desperdiciados de mi vida.
Me lo tomé con filosofía y con optimismo, me prometí que no me dejaría decepcionar por un mal día de los guionistas y esperé pacientemente la segunda temporada. El horror.
Lo único bueno de la historia de Hiro Nakamura en el Japón feudal fue David Anders como Takezo Kensei. El capítulo estrella de la temporada “Cuatro meses antes” me decepcionó si cabe aún más que el final de la primera temporada, ya que nuevamente lo único bueno fueron los ojazos de Anders.
Pero lo peor de todo, lo que ha motivado que escriba hoy sobre “Heroes” y que me esté replanteando ver el final de la segunda temporada y la tercera, ocurre en el capítulo nueve. La profecía de Isaac Méndez, el héroe que pintaba el futuro no se sabe muy bien si por las drogas o porque realmente tenía ese poder, muestra a Noah Bennet (el padre de la animadora) muerto, al ser disparado en un ojo por Mohinder. Y se cumple. Como prácticamente todas las profecías de Isaac.
En ese momento salté del sofá lanzando un grito, emocionada. Habían matado a Bennet, uno de los personajes más importantes de las dos temporadas. ¡Lo había matado Mohinder! Eso sí que era darle emoción a la serie, un giro inesperado, lo que necesita Heroes para revivir de sus cenizas. Pero no, nueva decepción. Antes de que pudiera asimilar su muerte, apenas dos minutos después de esa escena, veía a Noah Bennet tumbado en una camilla y con un suero de sangre. La sangre de Claire. Y, oh, el milagro ocurre: Bennet revive.
Personalmente, es una broma de mal gusto. ¿Ahora resulta que la sangre de Claire puede revivir a los muertos? Y con una simple transfusión, ríete tú de Goku y su incesable búsqueda de las siete bolas del dragón. No, no, no. Bennet está muerto. Vi como Mohinder le disparaba, vi como Claire lloraba a mares porque lo último que le había dicho era “te odio”, vi la cara de su mujer cuando recibe la noticia, ¡yo quería llorar con ellas!

Decepcionante. Por eso reniego de “Heroes” y la tan esperada “Villians”. No me apetece ver una serie en la que, a pesar de explotar en medio del cielo de Nueva York, a pesar de recibir un disparo en la cabeza, a pesar de recibir cuatro disparos en el pecho…todos sobreviven. Claire ya no es especial…todos son inmortales. Y a Isaac Méndez nadie le ayudó.
So sad.



Y a Isaac Méndez nadie lo ayudó…
Qué ciertas son estas palabras. ó_o
Cuantas verdades juntas. Un jodido fesrtival de verdades.