Unas veces se gana, otras se pierde, otras se empata…y otras no se sabe qué ha pasado. Es el caso del concurso de televisión Fama, ¡a bailar! Ayer llegó a su fin tras tres meses y medio bastante largos, en los que pasaron por la academia decenas de concursantes. Y la ganadora, pues sin sorpresas: Vicky, hija de bailarines que se mueve como quiere y aprende muy rápido; el premio: una beca para estudiar durante un año en una prestigiosa academia de baile en Estados Unidos, ¡lo que todos deseaban!
No me considero supersticiosa. Incluso, en ocasiones, me divierte “tentar a la suerte” pasando por d
ebajo de una escalera; eso sí, ni voy por ahí rompiendo espejos ni tiró la sal. Algo que nunca me había preocupado era el número trece y, sin embargo, esta mañana me ha dado un escalofrío. Tengo dos manías en el informativo matinal, una es rellenar el hueco de las letras mientras el editor lee la introducción; otra, contar las veces que sale mi nombre en la escaleta (igual al número de noticias que leeré). Contando los titulares y la previsión del tiempo, “Andrea” estaba escrito trece veces. Automáticamente he pensado: “que número tan feo” y me he visto escribiendo mi nombre al inicio de la escalera para llegar al número catorce.
Hoy me estreno como bloggera y, mientras escribo, no puedo evitar preguntarme qué futuro le espera a este blog. ¿Escribiré mucho? ¿Escribiré poco? ¿Me leerán? ¿Y sobre qué escribo? La última cuestión es la que más me preocupa. Cuando tenía catorce años era capaz de llenar más de una hoja en blanco con palabras, formando frases y escritos con sentido, sin miedo a quedarme en blanco. Pero hace tiempo que la imaginación se olvidó de mí, tanto tiempo como el que hace que yo me olvidé de leer.


